Hay quien se queda mirando fijamente el panel de salidas, mientras que otros se marchan del aeropuerto.
Hay pequeños momentos que dicen más de nosotros de lo que parece.
Por ejemplo, cuando se retrasa tu vuelo.
Miras el panel de salidas.
Al principio, con paciencia. Después, con cierta tensión.
Al principio, no pasa nada. «Solo son veinte minutos».
Entonces, media hora.
Una hora.
Y el tiempo empieza a percibirse de otra manera.
Algunos se levantan una y otra vez para mirar la pantalla. Otros se quejan. Otros se resignan y esperan.
Y luego están aquellos que hacen algo diferente.
Porque el retraso, en sí mismo, no es el problema. El problema es lo que haces con ese tiempo.
Y eso, aunque no lo parezca, dice mucho de cómo tomas decisiones. Y de cómo toma decisiones tu empresa cuando las cosas no salen según lo previsto.
Algo muy parecido está ocurriendo en las empresas con la economía y costos.
Dame unos minutos y te lo explicaré.
Los retrasos como reflejo de cómo gestionamos la incertidumbre
Visto desde fuera, la historia siempre es la misma: incertidumbre, sobresaltos, momentos que cambian el curso de la historia.
Con todo lo que ha pasado desde el 1 de enero, no te estoy contando nada nuevo.
Y, sin embargo, según un estudio de ERA Group, la economía mundial se ha mantenido mucho mejor de lo que casi todo el mundo esperaba.
La recesión que se había pronosticado no se produjo.
El empleo se ha mantenido en niveles históricamente altos.
Y a pesar de las pandemias, las guerras y las tensiones comerciales, los aviones siguen volando.
Eso no significa que el viaje sea cómodo; significa que un retraso no es lo mismo que una cancelación.
A menudo nos encontramos en un periodo de transición. Un espacio incómodo en el que aún es posible actuar.
Pero no todo el mundo lo toma.
Algunos esperan hasta tener toda la información. Otros esperan que la situación mejore. Otros lo posponen porque «ahora no es el momento».
Y así, el retraso va mermando poco a poco el margen.
Y ahí es donde muchas empresas se equivocan: confunden el hecho de no saber la hora exacta de llegada con el hecho de estar perdidas.
El problema no es la demora; es no saber qué hacer mientras tanto
En un aeropuerto, un retraso se vuelve insoportable cuando no tienes información.
Porque no nos gusta la incertidumbre.
Y menos aún cuando hemos pagado siete días de hotel y perdemos uno por un imprevisto.
No podemos hacer nada para evitar el retraso, pero sí podemos decidir qué hacer mientras tanto: salir, esperar o cambiar de planes.
Algo muy parecido está ocurriendo en la economía actual.
El estudio de la ERA señala riesgos evidentes.
No son nuevos, pero ahora se ven más:
- el descenso demográfico en Europa y China,
- presión sobre la deuda pública,
- los exigentes mercados financieros,
- y un panorama geopolítico cada vez más inestable.
Nada de esto ocurre de repente.
Tampoco va a explotar mañana.
Es un retraso considerable, anunciado con bastante antelación.
Y, sin embargo, muchas organizaciones siguen actuando como si el vuelo fuera a salir en cinco minutos.
Datos demográficos: Cuando se agotan los pasajeros en la puerta de embarque
Algunos aeropuertos están abarrotados, mientras que en otros cada vez hay menos gente esperando.
Esto hace que esos aeropuertos dejen de operar vuelos en invierno y que, en verano, solo operen en las rutas con mayor tráfico.
Lo mismo está ocurriendo con la población en edad de trabajar.
Europa y China han llegado a un punto en el que sus poblaciones están empezando a disminuir o a envejecer rápidamente, mientras que otras regiones siguen creciendo.
Según el análisis de la ERA, gran parte del crecimiento del empleo en Europa depende ahora de la inmigración. Sin ella, no habría suficiente gente para cubrir los puestos de trabajo.
Para un director general o un CFO, esto no es una reflexión sociológica.
Es una variable operativa
Eso influye en dónde inviertes, dónde produces y dónde contratas.
Ignorar este cambio estructural es como planificar una ruta aérea sin comprobar si hay suficientes pasajeros para mantenerla.
Tecnología: no es un vuelo directo, sino una vía rápida en potencia
De vez en cuando, vuelve a surgir la promesa del «vuelo directo». La tecnología que, supuestamente, lo va a cambiar todo.
Algo parecido está ocurriendo con la inteligencia artificial.
ERA Group muestra signos positivos, especialmente en Estados Unidos, donde la productividad ha comenzado a crecer por encima del 2 % tras años de estancamiento.
En Europa, sin embargo, el impacto es mucho más desigual.
Hay una realidad que es difícil de negar: la IA puede acortar el proceso, pero no lo hace de forma automática.
No es un atajo seguro. Es una infraestructura que hay que utilizar con prudencia.
Y, sobre todo, no es prudente elaborar planes financieros como si el vuelo fuera algo milagroso.
La IA puede ser de gran ayuda cuando comprendes todo lo que puede aportar a tu negocio.
Mercados y deuda: cuando los billetes fueron baratos durante demasiado tiempo
Durante años, volar era barato.costo experimentaron un gran auge y viajar se convirtió en algo al alcance de todos.
Algo similar ocurrió en el ámbito empresarial y económico: tipos de interés bajos, capital abundante y una deuda manejable.
Los gobiernos y las empresas se acostumbraron a esa situación.
Ahora el contexto es diferente.
Los tipos de interés han subido, los mercados son más exigentes y las valoraciones reflejan un optimismo que, como mínimo, invita a la cautela.
El estudio señala que el problema de la deuda no es inmediato, pero sí acumulativo.
No es el vuelo el que se cancela hoy; es aquel que, dentro de unos años, te obligará a pagar cada vez más por haber reservado sin pensarlo bien.
Para las empresas, esto se traduce en una menor dependencia de hipótesis optimistas y una mayor disciplina en materia de inversiones, costos y estructura financiera.
Aranceles y geopolítica: cambios constantes en las normas
Uno de los aspectos más difíciles de gestionar no es tanto el costo, sino la falta de un marco estable.
Cambios frecuentes en las tarifas.
Decisiones políticas difíciles de prever.
Un orden internacional que ya no funciona como antes.
Como cuando te cambian la puerta de embarque y ya ni siquiera estás seguro de si estás en la terminal correcta.
Y en el mundo de los negocios, no hay ninguna nueva norma clara
Lo que hay es la necesidad de adaptarse continuamente.
El problema no es el cambio en sí mismo.
El problema es que no hay margen para adaptarse.
La famosa «resiliencia»
Aquí suele aparecer la palabra de moda: resiliencia.
Dicho así, parece que significa aguantarlo todo con una sonrisa, como si fueras el protagonista de un póster motivacional.
Pero no se trata de resignarse.
Se trata de no quedarse mirando fijamente la pantalla.
El estudio apunta a algo más interesante:
La economía ha sobrevivido a numerosas crisis porque las empresas y los gobiernos han adaptado sus decisiones, han establecido prioridades y han reasignado recursos.
La resiliencia no consiste en aguantar.
Se trata de actuar en función de la información y aprovechar el momento para que, con las herramientas de que dispones, no se pierda el tiempo de espera.
Prever los retrasos forma parte del viaje
Cuando sabes que el vuelo se va a retrasar, lo mejor es no enfadarse aún más.
Es decisivo:
- ¿Me voy del aeropuerto o me quedo?
- ¿Cambio de ruta o espero?
- ¿Aprovecho al máximo el tiempo o lo desperdicio?
Para una empresa, hoy en día eso significa:
- No dejes que el miedo al contexto te impida tomar decisiones.
- No te dejes llevar por cada titular.
- Y no pases por alto los cambios estructurales centrándote únicamente en el corto plazo.
Porque, al fin y al cabo, los líderes que combinan la prudencia a corto plazo con medidas para introducir cambios fundamentales son los que estarán mejor posicionados cuando el vuelo finalmente despegue.
Optimizar costos aprovechar mejor el tiempo
Desde este punto de vista, optimizar costos significa recortar gastos.
Se trata de aprovechar el momento, incluso cuando parezca perjudicial para el negocio.
Desde este punto de vista, optimizar costos :
- Revisar las estructuras teniendo en cuenta los escenarios menos favorables.
- Invertir en tecnología con beneficios reales, no solo con promesas.
- Adaptar las operaciones a las realidades demográficas y geográficas.
- Evitar compromisos financieros basados en hipótesis poco realistas.
- Y tomar decisiones antes de que el retraso se convierta en una emergencia.
Porque el retraso ya está aquí.
La diferencia no está en quién se queja más, sino en quién sale del aeropuerto, aprovecha al máximo el tiempo y vuelve con un margen.
Y cuando por fin empieza el embarque, queda claro quién ha entendido el viaje y quién se ha pasado horas mirando el panel de salidas esperando a que otro decidiera por él.
Si quieres tomar la iniciativa y aprovechar el momento para optimizar costos de tu empresa, solo tienes que ponerte en contacto conmigo.
Gracias por leer hasta aquí.
𝗙𝗲𝗹𝗶𝘇 𝗱í𝗮.




























































































