Publicado el:
15 de junio de 2026
Un grifo que gotea puede parecer un detalle sin importancia. Sin embargo, todo el mundo sabe lo que ocurre si se deja que esa gotera siga: los daños se acumulan. En las organizaciones ocurre exactamente lo mismo. Las pequeñas fugas de gastos pueden convertirse, sin que nos demos cuenta, en un importante lastre para la rentabilidad.
Es sobre todo en los gastos indirectos donde suelen surgir los problemas. Piensa, por ejemplo, en la flota de vehículos, los servicios de instalaciones, las licencias informáticas, el transporte, los seguros o el mantenimiento. Se trata de partidas a las que no se presta atención a diario, pero que, sin embargo, lastran de forma estructural la cuenta de resultados.
«Ahí es precisamente donde suele estar el margen», afirma un asesor de compras. «No en los grandes contratos visibles, sino en los gastos menos evidentes que pasan desapercibidos durante años».
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