Las novelas son mi género literario favorito. Me gustan porque, a lo largo de la historia, los personajes crecen, aprenden y, a menudo, se convierten en mejores personas.
Creo que deberíamos esforzarnos por lo mismo tanto en nuestra vida personal como profesional. Pensar que ya no hay nada más que aprender, en realidad, nos estanca y nos debilita en lugar de permitirnos seguir evolucionando.
Llevo 20 años en ERA Group y sigo aprendiendo: de los recién llegados, de quienes se han jubilado o han tomado otros caminos... cada experiencia me enseña algo y me da nuevas razones para sentirme entusiasmado con lo que hago.
Pienso en Elizabeth Bennet, de Orgullo y Prejuicio. Lo que la convierte en uno de mis personajes favoritos es su capacidad para reconocer sus errores, reevaluar la información y transformarse. Su autocrítica le impide quedarse atrapada en su orgullo; comprende que admitir sus errores es la única manera de superarlos.
Lizzy no busca la perfección. Su terquedad inicial se transforma al integrar su intuición: pasa de juicios «intelectuales» y superficiales a otros más completos. Desde mi punto de vista, ahí reside su fortaleza: en comprender que la mejora no es un destino final, sino un proceso constante de adaptación y aprendizaje.
Veo lo mismo en mis compañeros de ERA. Si bien aportamos una amplia experiencia a cada proyecto, al comenzar uno nuevo, tenemos la oportunidad de aprender y crecer. Puede parecer familiar, pero siempre hay una perspectiva nueva. Y entendemos que es en esa búsqueda donde podemos aportar valor.
En el fondo, lo que me gusta es pensar que los finales nunca están completamente cerrados. Lo valioso es dejarnos sorprender con cada relectura.
Lo mismo ocurre en la vida y en los negocios: lo importante es observar el camino desde otra perspectiva para encontrar nuevas respuestas.
¿Y tú... qué historia releerías (o volverías a ver) con la esperanza de descubrir algo diferente en el proceso?






























































































