No se puede prevenir un terremoto. Pero sí se puede preparar la estructura de costes.





Estábamos de viaje en Roma con los niños (eran pequeños por aquel entonces). Era por la mañana; estábamos terminando de vestirnos en el hotel para salir, y de repente todo empezó a temblar.
No fue fuerte ni violento.
Durante unos segundos, todo el edificio pareció temblar, como si alguien enorme lo hubiera levantado y lo hubiera sacudido suavemente.
Y lo más extraño no era el movimiento en sí, sino la sensación que te dejaba después.
Durante unos segundos, no sabes si algo ha ocurrido realmente o no.
Ya fuera el edificio.
Ya fuera tu cabeza.
Si tan solo lo hubieras imaginado.
Hasta que te das cuenta de que sí, fue real. Que fue un terremoto, aunque estuviera muy lejos.
El epicentro estaba a unos 300 kilómetros de distancia. En Roma, solo sentimos la réplica, un leve vaivén. Nada más.
Pero la sensación que perdura es otra: que no somos nadie. Que hay cosas que, en segundos, pueden cambiarlo todo.
Y que, a menudo, no hay absolutamente nada que puedas hacer.
Ese momento es muy incómodo.
Porque no hay ninguna señal clara: no cae nada, no suena ninguna alarma, nadie corre…
Y sin embargo, sabes que algo se ha movido bajo tus pies.
Eso es exactamente lo que veo todos los días en muchas grandes empresas cuando hablamos de costos.
No hay ninguna crisis visible.
No hay ningún incendio que apagar.
No hay colapso financiero.
Pero algo se está gestando:

No pasó nada “grave”.
Y precisamente por eso, es fácil restarle importancia.
Lo mismo ocurre con los costes.
Las grandes empresas rara vez quiebran de la noche a la mañana.
Lo que sucede es mucho más sutil:

No puedes evitar un terremoto; no está en tus manos. Puedes preocuparte o no, pero eso no cambia la situación.
En ese momento, en ese hotel, no había nada que pudiera hacer excepto aceptar que existen fuerzas mucho mayores que uno mismo.
Pero los costes de una empresa no son un terremoto —afortunadamente— o, si lo son, se pueden minimizar.
Y esta distinción es clave para un director ejecutivo o un CFO .
El problema no es la incertidumbre del mercado, la inflación, la geopolítica ni la energía.
Eso sería el terremoto.
El problema radica en no haberse preparado para cuando se produzca el temblor, aunque sea leve.
Muchas organizaciones reaccionan solo cuando:

Se basan en la suposición de que habrá movimiento, y optimización de costes Debería funcionar de la misma manera.
It’s not about spending less just for the sake of it, but about understanding:
Muchas organizaciones reaccionan únicamente cuando el presupuesto deja de cuadrar, la junta directiva empieza a hacer preguntas o las desviaciones se hacen demasiado evidentes. Reaccionar no es lo mismo que anticiparse.
Si empiezas a trabajar en tu estructura de costes ahora:
En lo que respecta a los costes, anticiparse a los acontecimientos es un acto de responsabilidad.
Porque la verdadera optimización comienza cuando decides diseñar una estructura que pueda resistir, incluso cuando el suelo tiembla un poco.
Si quieres hablar sobre cómo construir esa estructura en tu empresa, solo pásame una línea.
Gracias por leer.
Feliz día.
