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Algunos fallos de los proveedores son inconvenientes. Otros paralizan el negocio. El sector de la lavandería se sitúa claramente en la segunda categoría.
Para un hotel, la ropa de cama limpia no es una cuestión administrativa, sino una necesidad operativa directa. Una entrega tardía o incompleta implica habitaciones que no se pueden preparar y, por consiguiente, ingresos que no se pueden recuperar ese día.
Sin embargo, a pesar de esto, la lavandería es una de las categorías menos analizadas en la mayoría de las empresas. Se firman contratos, se contratan proveedores y, discretamente, esta categoría pasa a un segundo plano. Y permanece así hasta que algo sale mal.
La presión sobre los costes es real, y aún no ha terminado.
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