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El EBITDA está teniendo un buen año. Muchas empresas cerrarán 2026 con mejores resultados operativos que en 2025.
La situación del tesoro público es diferente. Los tipos de interés han vuelto a subir tras casi tres años, los costes son más difíciles de prever y los plazos de recaudación se alargan. Es perfectamente posible presentar un buen resultado y, al mismo tiempo, tener poco margen de maniobra.
No se trata de un problema de métricas. El EBITDA mide lo que debe medir: la rentabilidad operativa del negocio. El problema surge cuando se convierte en el único indicador que guía las decisiones.
En el carrusel he resumido lo que el EBITDA no tiene en cuenta y lo que distingue a las empresas que mejor resisten los cambios del entorno.
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