Nos comprometemos plenamente a comprender y abordar los múltiples retos a los que se enfrentan nuestros clientes en el ámbito del procesamiento de pagos.
A lo largo del año, nuestro objetivo es arrojar luz sobre temas que, aunque son fundamentales, quizá no siempre ocupen un lugar prioritario en la mente de nuestros clientes. El primer trimestre, por ejemplo, está dedicado a desentrañar las complejidades del fraude y los riesgos asociados a las transacciones de pago.
El fraude y los riesgos en el procesamiento de pagos son algo más que simples palabras de moda. Representan retos reales que pueden afectar de manera significativa a los resultados financieros y a la eficiencia operativa de una empresa. Cuando las cosas salen mal, como ocurre en ocasiones, las repercusiones no solo se traducen en pérdidas económicas, sino también en una considerable inversión de tiempo y recursos en tareas administrativas para resolver estos problemas. Se trata de un tema que los directores financieros y los equipos de contabilidad consideran de gran importancia.
A medida que avanza el año, nos adentramos en otras áreas clave, como las estrategias omnicanal, la llegada de nuevas tecnologías —como el cifrado punto a punto— y el panorama cambiante del cumplimiento de la normativa PCI. Para el cuarto trimestre, nuestra atención se centra en las oportunidades que ofrecen la banca abierta y los pagos directos desde cuentas bancarias, lo que supone un cambio significativo con respecto a los pagos tradicionales con tarjeta.
Mi objetivo aquí no es solo informar, sino también fomentar conversaciones constructivas entre nuestros gestores de cuentas y los clientes. Se trata de ofrecer un contexto que amplíe los conocimientos de nuestros clientes y les anime a plantear las preguntas adecuadas a sus proveedores. Este enfoque está pensado para mantenerlos al corriente de los retos y las oportunidades que surgen en el ámbito del procesamiento de pagos.
Comprobar que las transacciones con tarjeta a distancia se procesan correctamente
Ahora, profundicemos un poco más en el tema del fraude y la gestión de riesgos. Las complejidades de las devoluciones y las disputas, por ejemplo, son aspectos que requieren especial atención. Las normas establecidas en torno a estos procesos ofrecen cierta garantía de los fondos, siempre que se sigan correctamente. Sin embargo, el riesgo de sufrir pérdidas por fraude se convierte en una realidad cuando, por ejemplo, se realizan pagos a distancia sin una verificación exhaustiva de la identidad del cliente.
Este riesgo se agrava en los casos en que los pagos se realizan por teléfono, ya que no existe una interacción física entre la tarjeta y el dispositivo de pago que lo garantice y no es posible comprobar la identidad del titular de la tarjeta. Se trata de una situación delicada, ya que basarse únicamente en los datos de la tarjeta sin contar con procesos de verificación rigurosos abre la puerta al fraude.
Además, el caso en el que los productos se piden a distancia pero luego se recogen en la tienda plantea una serie de retos propios. Este proceso elude las medidas de seguridad establecidas para las transacciones a distancia, lo que deja a las empresas en una situación vulnerable. Es importante destacar la necesidad de que los comerciantes sepan gestionar adecuadamente las devoluciones y las reclamaciones. No es raro ver cómo las empresas aceptan las reclamaciones sin darse cuenta de que disponen de los medios para impugnarlas, siempre que cuenten con las pruebas necesarias para respaldar su caso.
Existen controles más estrictos para gestionar las transacciones a distancia que protegen a las empresas. Trasladar todas estas transacciones a plataformas de comercio electrónico seguras, mediante el uso de correos electrónicos y aplicaciones, en las que el titular de la tarjeta debe introducir sus datos a través del sitio web de la empresa, protege contra las estafas.
Gestión de las devoluciones para evitar abusos
Otro gran problema al que se enfrentan las empresas hoy en día es todo el proceso de devoluciones, sobre todo ahora que las compras por Internet están en auge como nunca antes. Imagínate esto: alguien compra por Internet, se lleva cuatro prendas y luego decide devolver tres, solicitando el reembolso del importe total. O, lo que es aún más complicado, devuelve cuatro artículos, pero no son los mismos que compró. Este tipo de situaciones son cada vez más habituales y suponen un auténtico quebradero de cabeza para las empresas.
Mucha gente está aprovechando las ofertas en línea, y algunos consiguen auténticas gangas en ropa. Pero aquí está el problema: si una empresa no ha establecido un sistema sólido para gestionar las devoluciones, las cosas pueden complicarse rápidamente. Es posible que ni siquiera comprueben si los artículos devueltos coinciden con lo que se vendió originalmente, lo que da lugar a reembolsos incorrectos.


























































































